lunes, 12 de agosto de 2019

What if...

No suelo arrepentirme de lo que hago. Hace mucho que aplico como máxima una frase de una canción de El Último ke zierre que dice "nunca pediré perdón si ha sido mi corazón quien habló primero". Y es que así suelo llevar mi vida, tomo decisiones con base en lo que siento que es correcto y me hace sentir bien, precisamente para no tener de que arrepentirme después pero hace un par de años vengo pensando en replantear esa estrategia.

Hace mucho me vi obligado a elegir entre dos mujeres que en realidad me encantaban, a una de ellas ( a la que elegí en ese momento) le escribí algunas canciones que aún no he terminado de concretar pero cuya estructura está armada. A la otra le dediqué la primera entrada de este blog titulada "El cajón de las causas perdidas". El lunes pasado me la encontré en la facultad y fue estrellarme contra una realidad que había olvidado. Estaba hermosa y me hubiera encantado decírselo, pero en realidad no hubo tiempo para nada más que un presuroso saludo. De tanto en tanto, pienso en qué hubiera podido ser si las cosas hubieran sido diferentes en aquel julio que hoy parece remoto.  Y hoy me puse a la tarea de ponerlo por escrito, sé que no es el ejercicio más saludable, pero como con la mayoría de cosas que pongo aquí lo hago simplemente por sacarme esas ideas que, por más que me esfuerzo por negarlo, andan por mi cabeza.

Entonces... pidámosle el DeLorean a Doc Brown, aceleremos a 88 mph hasta que nos caiga un rayo y vamos. Nuevamente es julio de 2015, al final de aquella conversación que nombraba en "El cajón de las causas perdidas" invitaba a la chica en cuestión a salir. Ella aceptaba y acordábamos seguir hablando para cuadrar la logística del asunto, era importante para que todo saliera bien que ambos estuviéramos en la misma ciudad. Al día siguiente le escribí, era un mensaje corto, no tenía que ser demasiado largo, ambos sabíamos que era una simple excusa para seguir compartiendo tiempo juntos. Seguimos hablando de nuestros viajes por el mundo, acordábamos lo hermoso que sería conocer Italia, a la vez que ella me contaba detalles que su hermano le había dado sobre Copenhague. Entre viaje y viaje volveríamos a la realidad para que yo le comentara que estaba de vuelta en Bogotá, cómo después de volver de Melgar, la sentía más helada que nunca y ella me echara en cara a modo de broma que la estaba pasando bomba con el sol de Girardot. Seguimos hablando, casi siempre de nada importante, lo importante era que estuviéramos juntos. Y entonces, casi una semana después de mi llegada a Bogotá ella me daba la noticia, al día siguiente, ella también estaría de vuelta en la ciudad.

Decidimos ir por un café, un plan que no era demasiado comprometedor, apenas para ocultar que ambos estábamos con unas expectativas altísimas por el encuentro. Fui a recogerla a su casa en el barrio La Castellana en el norte de la ciudad, me pidió que la esperara en la portería de su conjunto residencial mientras se terminaba de alistar. Aún puedo verla aparecer a la distancia, estaba preciosa, llevaba el pelo normalmente lacio arreglado en unos elegantes bucles, una bonita camisa roja -que alguna vez le dije que le quedaba divina- y un pantalón negro. Llevaba unos aretes circulares del mismo color de la camisa y un collar con forma de corchea. Recuerdo su sonrisa al verme. Yo también sonreía, llevaba mucho tiempo esperando ese día.

Aquel café duró un par de horas que parecieron segundos, comprobando así lo que decía Einstein sobre la relatividad del tiempo cuando estás con la mujer que te gusta. Me encantaba verla sonreír mientras apoyaba su sien izquierda sobre la palma de su mano con sus ojos del color de las avellanas fijos en mi. En ese momento me sentí como si fuera Jack Dawson en la proa del Titanic y faltó poco para que gritara a los cuatro vientos que era el rey del mundo.

Salimos del café con rumbo a un restaurante, eran casi las 6 de la tarde y nuestros estómagos empezaban a percibir como lejana la hora del almuerzo. Optamos por ir a un restaurante italiano que había cerca, la pasta era su comida favorita, y para mí, elegir ir hacia allá era una manera de decirle que me importaba.

-Hace frío -me dijo, frotando sus manos una contra otra para quitarse esa sensación

Tomé su mano izquierda con mi mano derecha y nuestros dedos se enlazaron. No pasó mucho tiempo para que recostara su cabeza en mi hombro y yo también recostara la mía sobre su coronilla brevemente. Casi que no importaba que el viento pasara raudo a nuestro alrededor, helando todo a su paso. Allí estábamos, ella y yo, sintiendo que nos habíamos encontrado por fin, después de mucho tiempo.

Después de cenar, la llevé a su casa. Era el momento. Debía decirle que me gustaba, que quería volver a verla. Así lo hice. Puse mi mano derecha sobre su mejilla. Acerqué mi rostro al suyo. Abrí mi boca levemente para poder estrechar sus labios con los míos.

¡PUM!

Mi DeLorean se ha estrellado contra la pared. He vuelto al presente y no, no es una pesadilla distópica. Tal vez porque en realidad nunca tuve opción de cambiar mi pasado, tal vez porque no había nada que cambiar. Aunque bonita, la historia del café y del restaurante no deja de ser una fantasía, la realidad es que entre ella y yo, no hay nada. Tal vez nunca lo hubo, tal vez lo hubo y lo eché a perder, o tal vez solo estaba siendo amable conmigo.

No importa el pasado, solo importa el presente y en ese presente estoy solo en mi habitación, a la 1:13 AM, escribiendo esta entrada de blog mientras el bebé de mi vecino -o el fantasma del edificio, no sé- llora a todo pulmón. A veces la realidad es una mierda, pero es lo que hay.

-So what if...

-Stop it. There is no such thing as "what if". It only exists" is".

sábado, 1 de julio de 2017

La conclusión

Hoy estoy desatado. Voy por la tercera entrada de la noche, pero es que he pensado muchas cosas en las últimas dos horas. Esta entrada va corta, no los voy a aburrir con tratados melancólicos, como el anterior, que escribo porque no tengo para pagar un psicólogo y mi mejor amiga ya está dormida. Hoy llegué a una conclusión acerca de una vieja con la que llevo hablando ya unos meses y que me encanta.

"No quiero que vengas a ordenar mi mundo. De eso me encargo yo, para compartir la mejor versión contigo"

Me encanta. Creo que una relación sana -de las que funcionan- no es aquella en la que uno llena los vacíos del otro, sino en las que dos personas comparten las mejores versiones de sus propios mundos. En ese aspecto, me encanta haber llegado a esa conclusión. Creo que por primera vez estoy parado en dónde es.

Claro, ahora solo falta que ella acepte.

Es absurdo

Esta noche estaba hablando con mi mejor amiga acerca de un tipo que le estaba coqueteando en Instagram a raíz de una foto que ella subió con un saco nuevo que le había regalado su novio. El tipo es un tuitero reconocido y utiliza su reconocimiento como arma a la hora de levantar viejas, algo que considero un comportamiento extremadamente patético. Mi amiga concordó conmigo pero me aclaró que hace algunos años, la primera vez que le escribió, lo encontró atractivo aunque luego fue perdiendo el encanto. Me llamó la atención esa aclaración, ella explicaría luego que le interesaba porque "el man de físico no es feo, está bien posicionado, tiene contactos y se ve que es talentoso". Lo del físico y el talento lo entiendo. Lo de estar bien posicionado, lo entendí como que tiene un buen futuro por delante así que también es entendible. Lo que encontré sumamente chocante fue la parte de "tiene contactos".

Aclaremos algo: No es la primera vez que escucho a alguien referirse a otro como "es que tiene contactos". Ok, entiendo las buenas relaciones sociales son importante y ser sociable es una habilidad pero ¿a que hora se convirtió en eso en algo que pese a la hora de decidir si alguien es atractivo o no? ¿A que hora ser amigo de sutanito o de fulanito se convirtió en una virtud? Uno puede ser amigo de alguien y ser una mierda de persona igual. Uno puede moverse en ciertos círculos sociales por razones completamente accidentales ¿Por qué eso es algo de valor?

Mi amiga lo asociaba con la noción de estatus. Que eso le parecía atractivo. Aún más absurdo. Le puse un ejemplo, si el día de mañana Juanita, una vieja de la universidad que es cantante, y le ha ido muy bien en su carrera a tal punto que estuvo junto a su hermana en el concierto de aniversario de Aterciopelados, tuviera un arranque de locura y me llamara, habláramos y me invitara a salir, no lo haría porque fuera amiga o se codeara con los de Aterciopelados, lo haría porque Juanita es divina y es divertida. Tampoco significaría eso que me deja de gustar la vieja que me gusta ahora, solo porque Juanita tiene amigos famosos y ella no. Mi amiga dijo que lo que ella decía no siempre era el caso, pero que ayudaba.

No la juzgo pero no dejo de pensar que su idea es absurda.

Lo cierto es que me dejó pensando esa idea y tocó un punto neurálgico en mi. Mi relación con las mujeres es la parte más frustrante de mi vida. En mis casi 25 años, nunca he podido cuajar una relación ni siquiera medio seria y eso me frustra porque es el único ámbito de mi vida en el que nunca me he podido sentir triunfador. No me considero un mal tipo, tengo talento para escribir canciones y estoy aprendiendo a producirlas, soy bueno inventando historias y trabajo todos los días por tener un mejor futuro. Pero no tengo una gran habilidad social, lo cual parece ser un defecto cada vez más grave a la hora de forjar una relación con una mujer. Mi amiga parece confirmarlo y me parece absurdo.

Me parece absurdo que el hecho que me junte con gente normal me haga menos atractivo que el hecho de que me junte con gente famosa. Me parece absurdo porque ella no es que sea famosa ni se mueva en esos círculos. Se mueve en los mismos círculos que yo, o al menos a nivel de "estatus" son parecidos. Se mueve en los mismos círculos de la mayoría de viejas que me gustan. En este mismo momento la vieja que me gusta puede estar pensando que no soy lo suficientemente interesante porque mis amigos no tienen el "estatus" suficiente. Y qué tal que conozca alguien que esté en un círculo social más interesante. Joder, esto activa mi complejo de inferioridad con toda y les juro que eso es lo que me hace escribir esta entrada.

Tal vez estoy exagerando. Esas inseguridades debo combatirlas y esta entrada de blog es un primer paso. Parece fácil reconocer que uno es lo suficientemente bueno y atractivo como para que alguien se fije en uno, pero no lo es. Menos si, como yo, no se tiene una visión clara de si mismo. Aún tengo mucho trabajo por delante que hacer.

No obstante, la idea del estatus como atractivo me sigue pareciendo absurda. Aún si resulta que estoy en el espectro positivo del asunto.




Somos mejores

Somos mejores. No hay nada que hacer, somos mejores. Esa es la sensación que me queda al leer la mayoría de las muestras de solidaridad hacia Venezuela y sus habitantes que desde Colombia se emiten. No me tomen a mal, la empatía con otros seres humanos que sufren -sin desconocer que mucha gente en el país tiene familia allá- es el sentimiento más natural que existe, a tal punto que la ausencia del mismo se considera un trastorno mental grave. El problema es que las muestras de solidaridad hacia el pueblo venezolano emitidas desde nuestro país no dejan de dar la sensación de que nos sentimos mejores que ellos. No importa que tengamos los mismos problemas, al menos "no somos Venezuela".

Pongo como ejemplo este tuit que encontré esta tarde navegando en la red del logo del pajarito azul:


Desconozco a la señorita (?) Juvinao, sus afiliaciones políticas o tan siquiera su oficio ya que nada en su perfil de Twitter lo aclara, pero su tuit da la sensación que podría ser completado con la siguiente frase: "Menos mal que en Colombia eso no pasa" o "menos mal que ningún colombiano pasa por eso". En otros tuits ella se defiende y responde a sus críticas de manera sarcástica diciendo "No se te ocurra conmoverte con estos seres humanos [Inmigrantes venezolanos pasando dificultades en Colombia]. Es pecado mientras exista un solo pobre en Colombia". No, Catherine, no es pecado conmoverte con las tragedias de otros seres humanos, lo que es pecado es expresarlas como si, tú por el hecho de vivir en Colombia -país tercermundista, igual de jodido que Venezuela- fueras mejor que ellos. No dejo de percibir en el tuit de esta ciudadana un aire de "pobrecitos" hacia los venezolanos, que nada tiene que ver con la empatía o la solidaridad, si no más bien con un aire de superioridad con respecto a ellos que encuentro incluso, ofensivo.

Mucho se podría decir sobre la situación laboral de miles de jóvenes colombianos que también tienen que "regalarse" como mano de obra no calificada aún teniendo títulos universitarios, situación que, entre otras cosas, tuve el infortunio de vivir en carne propia. También podríamos hablar de las penurias que sufren los inmigrantes colombianos en el exterior, pero ni es mi deseo abordar esos temas, ni quiero aburrirlos con mi cháchara.

Si quieren solidarizarse con los inmigrantes venezolanos, denles trabajo, miren si hay entre ellos algún profesional que les sirva para algún cargo o tal vez a algún conocido de ustedes. Si lo suyo es dar soluciones a corto plazo lléveles un mercado. Si ninguna de las anteriores le cuadra y lo suyo es la solidaridad virtual, al menos no escriba los mensajes con lástima, dando la sensación de que usted es mejor que ellos solo porque no tiene un loco de presidente. Eso no es solidaridad, es pedantería y lo deja muy mal parado. Y métase esto en la cabeza: No, no somos mejores.

sábado, 8 de abril de 2017

Arte y política

Cada vez me gusta menos el arte político. Durante mi época de adolescente rebelde me gustaba, debo admitirlo y hasta cierto punto creía que burlarse o criticar al gobierno era atrevido, creativo arriesgado y por tanto fascinante. Alguien tenía que decirle al establishment que eran lo peor. Pero con los años le he ido perdiendo el gusto, tal vez sea por mi desencanto con la izquierda rebelde con la que se suelen hallar alineados los artistas políticos. Tal vez porque se ha vuelto un lugar común entre todos los artistas ser críticos con el gobierno, lo cuál per sé no está mal pero sus posturas son tan cliché que suenan igual de vacías que los discursos patrióticos de los políticos a los que critican. Tal vez porque es una excusa para que el arte se vuelva mediocre, "porque lo que importa es el mensaje y causar una reacción". A,B y C son correctas. 

Mi desencanto con la izquierda vino del día en que me di cuenta que, en el mejor de los casos eran unos tipos de la misma calaña que aquellos políticos godos a los que criticaban. Gustavo Petro, adalid de la izquierda colombiana es el perfecto ejemplo, un tipo tan ególatra que cree que está salvando al país pero que tiene los mismos vicios que ha tenido la clase dirigente toda la vida. Es un tipo que vive en estrato 6, tiene a sus hijos en uno de los colegios más caros de la ciudad, usa zapatos de 4 millones de pesos pero tiene el descaro de hablar de "ellos, los ricos". Es un tipo que se echa flores por una obra que inaugura sus sucesor porque nadie le reconoce su papel en ella. ¿Tanto le importa que se le reconozca? ¿Que tan diferente es de otros políticos que buscan figurar más que beneficiar a su pueblo? En la universidad tengo compañeros que lo apoyan, y hay miles de artistas sumados a sus causas. No los critico. Las alineaciones políticas de cada quien son problema suyo. Sin embargo creo, como demostró en su alcaldía, que es más de lo mismo solo que con un discurso populachero. 

En el peor de los casos los rebeldes anti-establishment son unos imbéciles que se la pasan quejándose por todo, haciendo poco o nada para cambiar su situación, bebiendo alcohol barato y fumando marihuana en los parques "porque todo está perdido". Si todo está perdido ¿por qué te quejas tanto? ¿Qué sigues haciendo aquí? 

Tanto como uno como otro grupo cuentan con gente talentosa y brillante en el campo del arte. Para nadie es un secreto que varias de las mejores composiciones artísticas de la historia han surgido como una reacción ante alguna situación. Gracias a eso, tenemos rock n' roll, las vanguardias del S. XX, instalaciones sonoras etc. Pero no es menos cierto que la idea del artista rebelde es un cliché,  y como todo cliché si no se sabe utilizar puede terminar dando resultados poco creativos, lo que en arte viene a significar lo mismo que mediocre. El caricaturista Vladdo ha hecho carrera a partir de poner frases insulsas en voz de su personaje femenino "Aleida" en las que critica o se burla -no se bien- de la concepción del amor y de los hombres. Si no, está recordándole al país que Uribe es un idiota. Que el amor puede resultar frustrante y que los hombres tradicionalmente hemos sido una mierda con las mujeres, es cierto. También que Uribe es un idiota. Cualquiera de los tres temas da para hacer un producto artístico con base en una buena reflexión y haciendo uso de la creatividad como lo hicieran bandas como Pink Floyd en los 70's o Frank Zappa en los 80's. o en cualquier caso algo mucho mejor que las caricaturas de Vladdo.

Y aquí entra mi tercer punto, mucho del arte politizado es increíblemente mediocre porque su función es llevar el mensaje y "el mensaje" es más importante que la obra artística. ¿Por qué hacer una obra interesante con un mensaje creativo que critique el comportamiento del ex-procurador y el peligro de la teocracia que él propone si puedo hacer una canción que diga algo con respecto a "Monseñor Procurador" y se acabó la historia? ¿Para qué hacer letras realmente críticas de la realidad política internacional si puedo hacer una canción que llame al presidente de Estados Unidos "Mr. Danger" y listo? Pero lo que importa es crear impacto, que me paren bolas, que la gente me escuche. El arte es un estado de excelencia, no en vano cuando alguien es brillante en cualquier campo se dice que es un "artista". Yo como artista no estaré de acuerdo jamás que dicho estado de excelencia se sacrifique por una causa, menos si es una causa política. 

Si, definitivamente. Por eso es que cada vez me gusta menos el arte político.

domingo, 30 de octubre de 2016

Solo en Halloween


Creo que por primera vez en mi vida entendí porque hay gente que encuentra las festividades tan deprimentes. Es un tema que está engranado en la cultura popular -prueba de ello las múltiples parodias que hacen Los Simpsons acerca del tema- a tal punto de convertirse en un cliché. Siempre había encontrado muy curioso ese hecho, ya que para mí las festividades, son precisamente eso, festividades, alegría, jolgorio.

No hace mucho empecé a trabajar, lo cual ha consistido para mí hasta ahora en el primer paso hacia la adultez. Mi trabajo ocupa la mayor parte de mi tiempo lo cual ha limitado seriamente mi vida social, ya que no solo paso 10 horas del día en la tienda ( trabajo vendiendo instrumentos musicales) sino que al salir me quedan pocas ganas de hacer algún plan, más allá de comer, dormir o ver algo en televisión/ Internet. El asunto se ha agravado en las últimas semanas ya que ando preparando mi portafolio para presentarme a un posgrado con lo que me queda aún menos tiempo para socializar.

Hoy me perdí de la celebración de Halloween, a pesar de que mi mejor amigo me invitó a una fiesta, invitación que decline por falta de motivación. En realidad, no tenía ganas de embutirme en un bar, además no tuve tiempo para preparar mi disfraz, ni siquiera para pensar en hacerlo. No obstante, me hubiera gustado compartir una cerveza con algún otro de mis amigos. Ayer en la noche tuve la idea de invitar a una amiga a tomar algo hoy cuando caí en cuenta que no me pagan si no hasta la otra semana y que salir con ella hubiera implicado quedarme sin presupuesto para los próximos 7 días. Conclusión, me quedé en la casa viendo como todos la pasaban bomba

Y entonces, entendí. Hay muchas razones por las cuales la gente no puede celebrar y pasarla bien en festividades. Hay muchos a quienes el trabajo no les permite estar con sus seres queridos, hay quienes simplemente no tienen seres queridos, hay quienes no tienen cómo a pesar que tienen con quien y disponen del tiempo. Hay quienes tienen una suma de todos los factores.

Vivimos en un mundo alienante, en donde se tiende a ver los seres humanos como resultados y no como lo que son, seres humanos, que sienten y que viven. Es increíble como empiezas a aislarte poco a poco, y así te repitas que no, que no todo puede ser trabajo, te das cuenta que cada vez le vas dando más y más prioridad a "tus responsabilidades", a un jefe que no te va a dar ni las gracias por tu trabajo, a una empresa que te ve como un número. Y aunque los resultados a nivel económico y profesional pueden ser muy buenos, mi pregunta es ¿para qué? ¿Para qué si al final te vas a quedar solo en las festividades?

Entiendo que, como diría Mark Hoppus en Damn it "esto es crecer" pero hasta ahora me siento un poco estafado. Triste, ¿no?

jueves, 11 de agosto de 2016

Crónica de una historia de amor (Gustavo Cerati)


Para quien sin saberlo estuvo casi desde el comienzo y sigue hasta hoy...

No me es fácil hablar objetivamente de Gustavo Cerati. Creo que para ningún fan lo es hablar de su ídolo, tampoco para ningún hijo hacerlo sobre su padre. Y es que aunque obviamente no soy su hijo   -ese honor solo lo tienen Benito y Lisa- la de ese rockero de rizos negros y ojos claros, es para mí una figura paterna, artísticamente hablando.

Recuerdo haber publicado en Twitter aquel fatídico 4 de septiembre de 2014 que yo no sería el músico que soy si no fuera por la música y la persona de Gustavo Cerati. Y hoy, casi dos años después puedo decir que esa frase sigue teniendo vigencia. Lastimosamente, no soy de esos fans que pudieron gozar de  Gustavo plenamente ya que nací en 1992, lo que quiere decir que mientras Soda hacía la Gira Dynamo, lanzaba Sueño Stereo para finalmente separarse en 1997, yo aprendía entre otras cosas a hablar, a caminar, a leer y a escribir. Sin embargo, desde muy pequeño recuerdo haber escuchado los acordes de De música ligera y cantar su letra de manera desafinada y con ediciones libres -"haz el amor de música ligera" cantaba yo, con 10 años mal contados- mientras simulaba acompañarme con una raqueta de plástico que hacía las veces de guitarra eléctrica. Pero supongo que estaba en mi destino encontrarme con la música de Cerati de pleno, y aquella noche de abril de 2007, los planetas se alinearon.

Toda historia de amor tiene un comienzo y la mía con Soda Stereo, primero, y Gustavo Cerati, después, empezó una noche mientras veía una retransmisión del último show que dieron en El Monumental, por allá por 1997. Recuerdo que en esa ocasión me enamoré de "El rito" y me grabé el nombre de "agua" (como presentó Cerati en esa ocasión Hombre al agua). Al día siguiente fui a Ares (así conseguíamos música a mediados de los 2000 ¿se acuerdan?) a buscar esas canciones y empezar a engrosar poco a poco mi lista de canciones conocidas de la banda.

Para aumentar la sensación de coincidencia mística, un par de meses después de que descubriera ese show de 1997 la banda anunciaba su regreso, después de 10 años de estar separados. Poco después, anunciaron un show en Bogotá. Yo tenía que ir, tenía 5 años cuando la banda se había separado y Gustavo no dejaba de aclarar que era algo de una vez. Era ahora o nunca. Pero, 2007 no fue solo el año en que me adentré en la música de Soda, también fue el año en que formé mi primera banda y por supuesto, en el set-list de la banda estaba una de mis ídolos, Primavera 0. Ese cumpleaños pedí de regalo el DVD de El último concierto y empecé a estudiar la personalidad de escenario de Gustavo. Miraba sus movimientos, sus frases, todo.


También fue 2007 el año en que escribí mi primera canción pensando en interpretarla en vivo, se llamaba Universos Paralelos y estaba inspirada en varias frases de canciones de Soda Stereo. Contenía frases como "soltaré deseos encadenados y el erotismo sostendré como un báculo" y "estoy en cada rincón de ti aunque me lastimes" de evidente inspiración ceratiana. Tanto Universos, como un cover de Primavera 0 y otro de De Música ligera entraron en el set-list del concierto debut de la banda que yo cerré con un sonoro "un millón de gracias" porque decir "Gracias totales" hubiera sido muy obvio.

Desde esa época me quedo el cariño por la música de Soda y por la persona de Gustavo, y aún hay ciertas influencias suyas en mi música, algunas intencionales otras no tanto, recuerdo que cuando le pasé al cantante de mi banda actual una maqueta de una de las canciones en las que había estado trabajando la describió como: Gustavo Cerati-Zappa por la armonía y la letra. Otra amiga dijo que una parte de otra de las canciones, llamada Tara, le recordaba a Ella usó mi cabeza como un revólver.

Esos son simples ejemplos, pero estoy seguro que hay más y que un artículo mucho más extenso se podría dar al respecto, y es lógico, así como en él se veían los trazos de Spinetta -su padre artístico- también mi música -en diferentes maneras- refleja lo que aprendí al amar y al escoger una profesión que tal vez no hubiera escogido de no ser por Gustavo Adrián Cerati Clark.

PD: Sería una infamia hacer un post sobre Cerati sin poner algo de su música, así que dejo mi versión favorita, de la que considero una de las mejores canciones que hizo el argentino. O, bueno, una de las que más me gustan.