Somos mejores. No hay nada que hacer, somos mejores. Esa es la sensación que me queda al leer la mayoría de las muestras de solidaridad hacia Venezuela y sus habitantes que desde Colombia se emiten. No me tomen a mal, la empatía con otros seres humanos que sufren -sin desconocer que mucha gente en el país tiene familia allá- es el sentimiento más natural que existe, a tal punto que la ausencia del mismo se considera un trastorno mental grave. El problema es que las muestras de solidaridad hacia el pueblo venezolano emitidas desde nuestro país no dejan de dar la sensación de que nos sentimos mejores que ellos. No importa que tengamos los mismos problemas, al menos "no somos Venezuela".
Pongo como ejemplo este tuit que encontré esta tarde navegando en la red del logo del pajarito azul:
Desconozco a la señorita (?) Juvinao, sus afiliaciones políticas o tan siquiera su oficio ya que nada en su perfil de Twitter lo aclara, pero su tuit da la sensación que podría ser completado con la siguiente frase: "Menos mal que en Colombia eso no pasa" o "menos mal que ningún colombiano pasa por eso". En otros tuits ella se defiende y responde a sus críticas de manera sarcástica diciendo "No se te ocurra conmoverte con estos seres humanos [Inmigrantes venezolanos pasando dificultades en Colombia]. Es pecado mientras exista un solo pobre en Colombia". No, Catherine, no es pecado conmoverte con las tragedias de otros seres humanos, lo que es pecado es expresarlas como si, tú por el hecho de vivir en Colombia -país tercermundista, igual de jodido que Venezuela- fueras mejor que ellos. No dejo de percibir en el tuit de esta ciudadana un aire de "pobrecitos" hacia los venezolanos, que nada tiene que ver con la empatía o la solidaridad, si no más bien con un aire de superioridad con respecto a ellos que encuentro incluso, ofensivo.
Mucho se podría decir sobre la situación laboral de miles de jóvenes colombianos que también tienen que "regalarse" como mano de obra no calificada aún teniendo títulos universitarios, situación que, entre otras cosas, tuve el infortunio de vivir en carne propia. También podríamos hablar de las penurias que sufren los inmigrantes colombianos en el exterior, pero ni es mi deseo abordar esos temas, ni quiero aburrirlos con mi cháchara.
Si quieren solidarizarse con los inmigrantes venezolanos, denles trabajo, miren si hay entre ellos algún profesional que les sirva para algún cargo o tal vez a algún conocido de ustedes. Si lo suyo es dar soluciones a corto plazo lléveles un mercado. Si ninguna de las anteriores le cuadra y lo suyo es la solidaridad virtual, al menos no escriba los mensajes con lástima, dando la sensación de que usted es mejor que ellos solo porque no tiene un loco de presidente. Eso no es solidaridad, es pedantería y lo deja muy mal parado. Y métase esto en la cabeza: No, no somos mejores.

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