La libertad es una responsabilidad ni la hijueputa. Así, brutalmente y de manera repentina, me llegó esta conclusión que estoy casi seguro que tomo prestada de algún lado. Puede parecer un asunto muy lógico pero que -a mis casi 24 años, mientras atravieso la última fase de transformación del niño en adulto- resulta bastante reveladora.
Una amiga que también anda en este asunto de transformarse en adulta me decía que ser adulto es tener que trabajar para pagar deudas. Estoy de acuerdo con ella, endeudarse hace parte esencial de ser un miembro activo y funcional de la sociedad actual, a tal punto que el otro día conversaba con mi madre y ella dijo que me iba a sacar una tarjeta de crédito para que "fuera aprendiendo". Como si se tratara de un rito de pasaje de algún tipo.
No obstante, le agregaba un punto a mi amiga: Las deudas son una mierda y conllevan un estrés ni el malparido pero son tus deudas, las adquiriste por algo que tu querías o necesitabas y las vas a pagar con tu dinero. Eso es una sensación de libertad muy grande, que sea o no real no es asunto de esta entrada de blog. De todos los tipos de libertad que puedan existir tal vez, es la libertad financiera la más placentera que existe. En una sociedad en la cual tu no puedes vivir sin dinero, tener la capacidad de hacer con el tuyo lo que te plazca consiste en una liberación muy grande.
Sin embargo, hay una cláusula clave en ese contrato de libertad, para poder conservarlo es necesario ser muy responsable, so pena de terminar esclavo de un banco o de algún prestamista de dudosa reputación. Saber gastar de manera responsable es una habilidad tan importante para ser un miembro funcional de la sociedad como tener la capacidad para endeudarse, estas dos habilidades por supuesto se relacionan. Gastarse la plata a lo loco y vivir endeudado es todo lo opuesto a ser libre.
No me extiendo, ser libre no es hacer lo que a uno le venga en gana, ser libre es tener la capacidad de saber qué hacer con su vida para vivir bien, sea lo que sea que eso signifique para usted. Para eso se necesita ser muy responsable. Y saber endeudarse.
domingo, 31 de julio de 2016
viernes, 29 de julio de 2016
El cajón de las causas perdidas
Un buen amigo, es un gran refugio en tiempos de tormenta pero lo es también un buen recuerdo. Todos tenemos ese recuerdo, todos hemos sido felices en algún momento, luego las cosas cambian y muchas veces esa felicidad se vuelve tristeza, o caos. Esos recuerdos se almacenan en un lugar que al que llamo el cajón de las causas perdidas, debido a una frase que leí en el estatus de Whatsapp de una niña con la que salí y que puede o no haber estado dirigida para mí: "cuando me busques estaré en el cajón de las causas perdidas". Y no se equivocó, ahí está.
Duele visitar ese cajón, especialmente, cuando se está pasando por un momento triste. Duele recordar que tan feliz se era y ver en qué momento todo se fue al piso. Muchas veces lo que duele es saber que si se hubiera tomado otra decisión, o se hubiera dicho otra palabra, o tal vez si se hubiera actuado de otra forma esa felicidad no se habría ido. Y aunque duela, ese cajón saca sonrisas, ese cajón nos recuerda que fuimos felices y nos da más información para futuras decisiones; ese cajón si lo usamos bien, es decir no para martirizarnos, nos dará la experiencia necesaria para enfrentar de manera cada vez más eficiente las vicisitudes de la vida.
Hoy visité mi cajón de las causas perdidas y vi una conversación sobre ciudades, viajes y comida que tuve hace un año con una niña que me gustaba mucho. En realidad creía que algo podría pasar entre nosotros pero por distintos azares de la vida terminé tomando una decisión que sabía me llevaría a resignar cualquier chance con ella. Mucho ha llovido desde aquel día pero hoy esa conversación me hizo sonreír, espero volver a sentirme otra vez así, como cuando hablábamos de cualquier tema, cantábamos vallenatos en el estudio de grabación aunque ella los odiaba pero decía conocer "por cultura popular", o tal vez a aquel punto en que me respondía hasta un like en Facebook. Tal vez la perdí con la decisión que tomé pero ha sido mucho lo que he aprendido y espero poder aplicarlo si alguna vez me vuelvo a enfrentar a una situación similar.
Desde esta ventana, me encantaría hacerle saber que la extraño con cariño y que espero que sea muy feliz. Pero dudo que la lea porque ahora ella está en el cajón de las causas perdidas.
Duele visitar ese cajón, especialmente, cuando se está pasando por un momento triste. Duele recordar que tan feliz se era y ver en qué momento todo se fue al piso. Muchas veces lo que duele es saber que si se hubiera tomado otra decisión, o se hubiera dicho otra palabra, o tal vez si se hubiera actuado de otra forma esa felicidad no se habría ido. Y aunque duela, ese cajón saca sonrisas, ese cajón nos recuerda que fuimos felices y nos da más información para futuras decisiones; ese cajón si lo usamos bien, es decir no para martirizarnos, nos dará la experiencia necesaria para enfrentar de manera cada vez más eficiente las vicisitudes de la vida.
Hoy visité mi cajón de las causas perdidas y vi una conversación sobre ciudades, viajes y comida que tuve hace un año con una niña que me gustaba mucho. En realidad creía que algo podría pasar entre nosotros pero por distintos azares de la vida terminé tomando una decisión que sabía me llevaría a resignar cualquier chance con ella. Mucho ha llovido desde aquel día pero hoy esa conversación me hizo sonreír, espero volver a sentirme otra vez así, como cuando hablábamos de cualquier tema, cantábamos vallenatos en el estudio de grabación aunque ella los odiaba pero decía conocer "por cultura popular", o tal vez a aquel punto en que me respondía hasta un like en Facebook. Tal vez la perdí con la decisión que tomé pero ha sido mucho lo que he aprendido y espero poder aplicarlo si alguna vez me vuelvo a enfrentar a una situación similar.
Desde esta ventana, me encantaría hacerle saber que la extraño con cariño y que espero que sea muy feliz. Pero dudo que la lea porque ahora ella está en el cajón de las causas perdidas.
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