domingo, 30 de octubre de 2016
Solo en Halloween
Creo que por primera vez en mi vida entendí porque hay gente que encuentra las festividades tan deprimentes. Es un tema que está engranado en la cultura popular -prueba de ello las múltiples parodias que hacen Los Simpsons acerca del tema- a tal punto de convertirse en un cliché. Siempre había encontrado muy curioso ese hecho, ya que para mí las festividades, son precisamente eso, festividades, alegría, jolgorio.
No hace mucho empecé a trabajar, lo cual ha consistido para mí hasta ahora en el primer paso hacia la adultez. Mi trabajo ocupa la mayor parte de mi tiempo lo cual ha limitado seriamente mi vida social, ya que no solo paso 10 horas del día en la tienda ( trabajo vendiendo instrumentos musicales) sino que al salir me quedan pocas ganas de hacer algún plan, más allá de comer, dormir o ver algo en televisión/ Internet. El asunto se ha agravado en las últimas semanas ya que ando preparando mi portafolio para presentarme a un posgrado con lo que me queda aún menos tiempo para socializar.
Hoy me perdí de la celebración de Halloween, a pesar de que mi mejor amigo me invitó a una fiesta, invitación que decline por falta de motivación. En realidad, no tenía ganas de embutirme en un bar, además no tuve tiempo para preparar mi disfraz, ni siquiera para pensar en hacerlo. No obstante, me hubiera gustado compartir una cerveza con algún otro de mis amigos. Ayer en la noche tuve la idea de invitar a una amiga a tomar algo hoy cuando caí en cuenta que no me pagan si no hasta la otra semana y que salir con ella hubiera implicado quedarme sin presupuesto para los próximos 7 días. Conclusión, me quedé en la casa viendo como todos la pasaban bomba
Y entonces, entendí. Hay muchas razones por las cuales la gente no puede celebrar y pasarla bien en festividades. Hay muchos a quienes el trabajo no les permite estar con sus seres queridos, hay quienes simplemente no tienen seres queridos, hay quienes no tienen cómo a pesar que tienen con quien y disponen del tiempo. Hay quienes tienen una suma de todos los factores.
Vivimos en un mundo alienante, en donde se tiende a ver los seres humanos como resultados y no como lo que son, seres humanos, que sienten y que viven. Es increíble como empiezas a aislarte poco a poco, y así te repitas que no, que no todo puede ser trabajo, te das cuenta que cada vez le vas dando más y más prioridad a "tus responsabilidades", a un jefe que no te va a dar ni las gracias por tu trabajo, a una empresa que te ve como un número. Y aunque los resultados a nivel económico y profesional pueden ser muy buenos, mi pregunta es ¿para qué? ¿Para qué si al final te vas a quedar solo en las festividades?
Entiendo que, como diría Mark Hoppus en Damn it "esto es crecer" pero hasta ahora me siento un poco estafado. Triste, ¿no?
jueves, 11 de agosto de 2016
Crónica de una historia de amor (Gustavo Cerati)
Para quien sin saberlo estuvo casi desde el comienzo y sigue hasta hoy...
No me es fácil hablar objetivamente de Gustavo Cerati. Creo que para ningún fan lo es hablar de su ídolo, tampoco para ningún hijo hacerlo sobre su padre. Y es que aunque obviamente no soy su hijo -ese honor solo lo tienen Benito y Lisa- la de ese rockero de rizos negros y ojos claros, es para mí una figura paterna, artísticamente hablando.
Recuerdo haber publicado en Twitter aquel fatídico 4 de septiembre de 2014 que yo no sería el músico que soy si no fuera por la música y la persona de Gustavo Cerati. Y hoy, casi dos años después puedo decir que esa frase sigue teniendo vigencia. Lastimosamente, no soy de esos fans que pudieron gozar de Gustavo plenamente ya que nací en 1992, lo que quiere decir que mientras Soda hacía la Gira Dynamo, lanzaba Sueño Stereo para finalmente separarse en 1997, yo aprendía entre otras cosas a hablar, a caminar, a leer y a escribir. Sin embargo, desde muy pequeño recuerdo haber escuchado los acordes de De música ligera y cantar su letra de manera desafinada y con ediciones libres -"haz el amor de música ligera" cantaba yo, con 10 años mal contados- mientras simulaba acompañarme con una raqueta de plástico que hacía las veces de guitarra eléctrica. Pero supongo que estaba en mi destino encontrarme con la música de Cerati de pleno, y aquella noche de abril de 2007, los planetas se alinearon.
Toda historia de amor tiene un comienzo y la mía con Soda Stereo, primero, y Gustavo Cerati, después, empezó una noche mientras veía una retransmisión del último show que dieron en El Monumental, por allá por 1997. Recuerdo que en esa ocasión me enamoré de "El rito" y me grabé el nombre de "agua" (como presentó Cerati en esa ocasión Hombre al agua). Al día siguiente fui a Ares (así conseguíamos música a mediados de los 2000 ¿se acuerdan?) a buscar esas canciones y empezar a engrosar poco a poco mi lista de canciones conocidas de la banda.
Para aumentar la sensación de coincidencia mística, un par de meses después de que descubriera ese show de 1997 la banda anunciaba su regreso, después de 10 años de estar separados. Poco después, anunciaron un show en Bogotá. Yo tenía que ir, tenía 5 años cuando la banda se había separado y Gustavo no dejaba de aclarar que era algo de una vez. Era ahora o nunca. Pero, 2007 no fue solo el año en que me adentré en la música de Soda, también fue el año en que formé mi primera banda y por supuesto, en el set-list de la banda estaba una de mis ídolos, Primavera 0. Ese cumpleaños pedí de regalo el DVD de El último concierto y empecé a estudiar la personalidad de escenario de Gustavo. Miraba sus movimientos, sus frases, todo.
También fue 2007 el año en que escribí mi primera canción pensando en interpretarla en vivo, se llamaba Universos Paralelos y estaba inspirada en varias frases de canciones de Soda Stereo. Contenía frases como "soltaré deseos encadenados y el erotismo sostendré como un báculo" y "estoy en cada rincón de ti aunque me lastimes" de evidente inspiración ceratiana. Tanto Universos, como un cover de Primavera 0 y otro de De Música ligera entraron en el set-list del concierto debut de la banda que yo cerré con un sonoro "un millón de gracias" porque decir "Gracias totales" hubiera sido muy obvio.
Desde esa época me quedo el cariño por la música de Soda y por la persona de Gustavo, y aún hay ciertas influencias suyas en mi música, algunas intencionales otras no tanto, recuerdo que cuando le pasé al cantante de mi banda actual una maqueta de una de las canciones en las que había estado trabajando la describió como: Gustavo Cerati-Zappa por la armonía y la letra. Otra amiga dijo que una parte de otra de las canciones, llamada Tara, le recordaba a Ella usó mi cabeza como un revólver.
Esos son simples ejemplos, pero estoy seguro que hay más y que un artículo mucho más extenso se podría dar al respecto, y es lógico, así como en él se veían los trazos de Spinetta -su padre artístico- también mi música -en diferentes maneras- refleja lo que aprendí al amar y al escoger una profesión que tal vez no hubiera escogido de no ser por Gustavo Adrián Cerati Clark.
PD: Sería una infamia hacer un post sobre Cerati sin poner algo de su música, así que dejo mi versión favorita, de la que considero una de las mejores canciones que hizo el argentino. O, bueno, una de las que más me gustan.
domingo, 31 de julio de 2016
Libertad y deudas
La libertad es una responsabilidad ni la hijueputa. Así, brutalmente y de manera repentina, me llegó esta conclusión que estoy casi seguro que tomo prestada de algún lado. Puede parecer un asunto muy lógico pero que -a mis casi 24 años, mientras atravieso la última fase de transformación del niño en adulto- resulta bastante reveladora.
Una amiga que también anda en este asunto de transformarse en adulta me decía que ser adulto es tener que trabajar para pagar deudas. Estoy de acuerdo con ella, endeudarse hace parte esencial de ser un miembro activo y funcional de la sociedad actual, a tal punto que el otro día conversaba con mi madre y ella dijo que me iba a sacar una tarjeta de crédito para que "fuera aprendiendo". Como si se tratara de un rito de pasaje de algún tipo.
No obstante, le agregaba un punto a mi amiga: Las deudas son una mierda y conllevan un estrés ni el malparido pero son tus deudas, las adquiriste por algo que tu querías o necesitabas y las vas a pagar con tu dinero. Eso es una sensación de libertad muy grande, que sea o no real no es asunto de esta entrada de blog. De todos los tipos de libertad que puedan existir tal vez, es la libertad financiera la más placentera que existe. En una sociedad en la cual tu no puedes vivir sin dinero, tener la capacidad de hacer con el tuyo lo que te plazca consiste en una liberación muy grande.
Sin embargo, hay una cláusula clave en ese contrato de libertad, para poder conservarlo es necesario ser muy responsable, so pena de terminar esclavo de un banco o de algún prestamista de dudosa reputación. Saber gastar de manera responsable es una habilidad tan importante para ser un miembro funcional de la sociedad como tener la capacidad para endeudarse, estas dos habilidades por supuesto se relacionan. Gastarse la plata a lo loco y vivir endeudado es todo lo opuesto a ser libre.
No me extiendo, ser libre no es hacer lo que a uno le venga en gana, ser libre es tener la capacidad de saber qué hacer con su vida para vivir bien, sea lo que sea que eso signifique para usted. Para eso se necesita ser muy responsable. Y saber endeudarse.
Una amiga que también anda en este asunto de transformarse en adulta me decía que ser adulto es tener que trabajar para pagar deudas. Estoy de acuerdo con ella, endeudarse hace parte esencial de ser un miembro activo y funcional de la sociedad actual, a tal punto que el otro día conversaba con mi madre y ella dijo que me iba a sacar una tarjeta de crédito para que "fuera aprendiendo". Como si se tratara de un rito de pasaje de algún tipo.
No obstante, le agregaba un punto a mi amiga: Las deudas son una mierda y conllevan un estrés ni el malparido pero son tus deudas, las adquiriste por algo que tu querías o necesitabas y las vas a pagar con tu dinero. Eso es una sensación de libertad muy grande, que sea o no real no es asunto de esta entrada de blog. De todos los tipos de libertad que puedan existir tal vez, es la libertad financiera la más placentera que existe. En una sociedad en la cual tu no puedes vivir sin dinero, tener la capacidad de hacer con el tuyo lo que te plazca consiste en una liberación muy grande.
Sin embargo, hay una cláusula clave en ese contrato de libertad, para poder conservarlo es necesario ser muy responsable, so pena de terminar esclavo de un banco o de algún prestamista de dudosa reputación. Saber gastar de manera responsable es una habilidad tan importante para ser un miembro funcional de la sociedad como tener la capacidad para endeudarse, estas dos habilidades por supuesto se relacionan. Gastarse la plata a lo loco y vivir endeudado es todo lo opuesto a ser libre.
No me extiendo, ser libre no es hacer lo que a uno le venga en gana, ser libre es tener la capacidad de saber qué hacer con su vida para vivir bien, sea lo que sea que eso signifique para usted. Para eso se necesita ser muy responsable. Y saber endeudarse.
viernes, 29 de julio de 2016
El cajón de las causas perdidas
Un buen amigo, es un gran refugio en tiempos de tormenta pero lo es también un buen recuerdo. Todos tenemos ese recuerdo, todos hemos sido felices en algún momento, luego las cosas cambian y muchas veces esa felicidad se vuelve tristeza, o caos. Esos recuerdos se almacenan en un lugar que al que llamo el cajón de las causas perdidas, debido a una frase que leí en el estatus de Whatsapp de una niña con la que salí y que puede o no haber estado dirigida para mí: "cuando me busques estaré en el cajón de las causas perdidas". Y no se equivocó, ahí está.
Duele visitar ese cajón, especialmente, cuando se está pasando por un momento triste. Duele recordar que tan feliz se era y ver en qué momento todo se fue al piso. Muchas veces lo que duele es saber que si se hubiera tomado otra decisión, o se hubiera dicho otra palabra, o tal vez si se hubiera actuado de otra forma esa felicidad no se habría ido. Y aunque duela, ese cajón saca sonrisas, ese cajón nos recuerda que fuimos felices y nos da más información para futuras decisiones; ese cajón si lo usamos bien, es decir no para martirizarnos, nos dará la experiencia necesaria para enfrentar de manera cada vez más eficiente las vicisitudes de la vida.
Hoy visité mi cajón de las causas perdidas y vi una conversación sobre ciudades, viajes y comida que tuve hace un año con una niña que me gustaba mucho. En realidad creía que algo podría pasar entre nosotros pero por distintos azares de la vida terminé tomando una decisión que sabía me llevaría a resignar cualquier chance con ella. Mucho ha llovido desde aquel día pero hoy esa conversación me hizo sonreír, espero volver a sentirme otra vez así, como cuando hablábamos de cualquier tema, cantábamos vallenatos en el estudio de grabación aunque ella los odiaba pero decía conocer "por cultura popular", o tal vez a aquel punto en que me respondía hasta un like en Facebook. Tal vez la perdí con la decisión que tomé pero ha sido mucho lo que he aprendido y espero poder aplicarlo si alguna vez me vuelvo a enfrentar a una situación similar.
Desde esta ventana, me encantaría hacerle saber que la extraño con cariño y que espero que sea muy feliz. Pero dudo que la lea porque ahora ella está en el cajón de las causas perdidas.
Duele visitar ese cajón, especialmente, cuando se está pasando por un momento triste. Duele recordar que tan feliz se era y ver en qué momento todo se fue al piso. Muchas veces lo que duele es saber que si se hubiera tomado otra decisión, o se hubiera dicho otra palabra, o tal vez si se hubiera actuado de otra forma esa felicidad no se habría ido. Y aunque duela, ese cajón saca sonrisas, ese cajón nos recuerda que fuimos felices y nos da más información para futuras decisiones; ese cajón si lo usamos bien, es decir no para martirizarnos, nos dará la experiencia necesaria para enfrentar de manera cada vez más eficiente las vicisitudes de la vida.
Hoy visité mi cajón de las causas perdidas y vi una conversación sobre ciudades, viajes y comida que tuve hace un año con una niña que me gustaba mucho. En realidad creía que algo podría pasar entre nosotros pero por distintos azares de la vida terminé tomando una decisión que sabía me llevaría a resignar cualquier chance con ella. Mucho ha llovido desde aquel día pero hoy esa conversación me hizo sonreír, espero volver a sentirme otra vez así, como cuando hablábamos de cualquier tema, cantábamos vallenatos en el estudio de grabación aunque ella los odiaba pero decía conocer "por cultura popular", o tal vez a aquel punto en que me respondía hasta un like en Facebook. Tal vez la perdí con la decisión que tomé pero ha sido mucho lo que he aprendido y espero poder aplicarlo si alguna vez me vuelvo a enfrentar a una situación similar.
Desde esta ventana, me encantaría hacerle saber que la extraño con cariño y que espero que sea muy feliz. Pero dudo que la lea porque ahora ella está en el cajón de las causas perdidas.
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